miércoles, 2 de diciembre de 2015

Todo es lo mismo, siempre lo fue. Pablo Lecroisey.

Factoría de Arte y Desarrollo
Calle Valverde 23
Del 10 de diciembre de 2015 al 10 de enero de 2016.
Más información en www.pablolecroisey.comwww.factoriarte.com

Todo es lo mismo, siempre lo fue. Pablo Lecroisey.
Galería Arte y Desarrollo, Madrid.
Fotografías © Pablo Lecroisey.

El homenaje a la belleza en su forma más absoluta; Pablo Lecroisey, nos presenta en su exposición Todo es lo mismo, siempre lo fue una obra con la que pretende mostrarnos una nueva identidad del arte a través de su particular visión de la fotografía, plagada de referencias y con la estética como principal ingrediente.

Lecroisey plantea sus fotografías partiendo de varios supuestos, el principal es la búsqueda de un nuevo canon de belleza, una estética que además sea funcional- aunque en ocasiones eluda la materia-. El homenaje a los clásicos es otro sustento palpable en su trabajo, con alusiones sutiles a los maestros que le han marcado, pero siempre narrando con esa pátina de contemporaneidad tan propia.

Lecroisey introduce además en esta ocasión, una serie de fotografías impresas sobre lienzo intervenidas con óleo, desde las que pretende reivindicar el arte de la instantánea, equiparándolo y trascendiendo a la pintura, que en el imaginario colectivo, ocupa el primer lugar en el pódium de las disciplinas. Pero sin duda, el mayor pilar donde se apoya el fotógrafo son sus propios sentimientos, que transmiten la búsqueda constante de la belleza desnuda, sin artificios, como medio de liberación personal.


Todo es lo mismo, siempre lo fue. Pablo Lecroisey.
Galería Arte y Desarrollo, Madrid.
Fotografías © Pablo Lecroisey.

Pablo Lecroisey aúna en este trabajo la estética y la técnica en su medio más poderoso, el de la transformación. Aplicando estas fuerzas intenta dar una nueva identidad a lo que le inspira,- haciendo un hincapié especial en la libertad creativa-, y regenera así la fotografía mediante lo extremo, trascendiendo al hecho artístico tradicional. El artista nos presenta estas obras capitaneadas por la búsqueda sin límites de la belleza, para que el espectador, a través de ellas, pueda purificar su mente, liberarse de sus recuerdos y absorber la intencionalidad sentimental que subyace detrás de ellas, que no es otra sino el alma del artista. Sin duda lo que más preocupa a Lecroisey es como se proyecta en nuestra mente la realidad que nosotros vemos, la cual nos presenta en una forma purificada donde el artista pretende transmitir no solo su fuerza creativa, si no las energías necesarias (positivismo, alegría, metodología, ética) para que los que la contemplamos, seamos conscientes del torrente que supone la capacidad creativa en todos los seres humanos. Y es que Lecroisey, a través de un trabajo coherente y enlazado, crea un universo donde cada obra complementa la anterior y juntas forman un todo comprensible que además de impactar notablemente al espectador, le hace reflexionar potenciando su imaginario. Aquí es donde entra en juego el valor didáctico del arte, donde el creador se convierte en un maestro que reparte píldoras de sabiduría vital, a veces muy visibles, otras no tanto, en cada una de sus obras.


Todo es lo mismo, siempre lo fue. Pablo Lecroisey.
Galería Arte y Desarrollo, Madrid.
Fotografías © Pablo Lecroisey.

En el proyecto de Lecroisey la estética radica en el momento de elaboración de la escena, entiende que la fotografía como medio artístico, permite fusionar de forma magistral el sentimiento del autor y el de los protagonistas de la imagen -los modelos improvisan al posar, unos disfrutan, otros viven un momento de catarsis, nadie queda indiferente- y es en esos instantes donde trabaja su concepto de la belleza como sentimiento, para lo que utiliza una ética determinada (amistad, ilusión, sorpresa, alegría, confianza, respeto, prudencia), siento estos elementos una constante metodológica. El resultado es una interacción especial a posteriori con quien lo contempla. Lo que subyace detrás de la imagen es un cúmulo de expresividad desde donde se trasluce una enseñanza universal; la de que la estética es el propósito más absoluto.

Todo esto consigue desarrollarlo en un momento artístico donde la reflexión es molesta, se evita, se relaciona con el pasado. Pero el autor entiende que es imprescindible tener presente el pasado, para vivir plenamente el presente y proyectar con garantías el futuro. Actualmente es incómodo detenerse delante de una obra y dejarse llevar por ésta analizando lo que nos quiere transmitir y lo que genera interiormente. Pese a todo ello, Lecroisey provoca al espectador para que se deje llevar por sus narraciones fotográficas que entrañan dentro de sí pequeñas historias, ya que el observador, íntimamente, las conoce y no le resultan ajenas. Simplemente, necesita ser impactado por su potencia, por su belleza, para detenerse a reflexionar sobre sus inquietudes y poder de esta manera, liberarse un poco de ellas. 

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